NY Knicks: Radiografía de un suspenso

Cayeron los Knicks. Se acabó. Vacaciones. Desde principios de año se veía venir que este equipo no carburaba como debía. Lo peor es que no podemos hablar de mala suerte en el tema del emparejamiento con Miami (ahora mismo creo que no es descabellado ni mucho menos decir que es el mejor equipo de la NBA), porque son ellos mismos los que se han buscado terminar sextos de conferencia, cuando han tenido plantilla para estar con los mejores del Este.

A Mike D’Antoni se le pasó el arroz. El arroz se quemó y cuando Mike Woodson llegó a la cocina del Madison ya era demasiado tarde para arreglarlo. Ése ha sido el gran error de la temporada: que Dolan le perdonase tantas veces el cuello a D’Antoni. Siguiendo esta línea, La Linsanity” vista desde otra perspectiva, pudo ser negativa para la franquicia neoyorquina, pues alargó la estancia de D’Antoni en el Madison y acortó así el margen de mejora de Woodson.

La suerte además no ha querido que Baron Davis jugase más de 33 partidos en todo el año. Una grave hernia discal en la espalda retrasó debut hasta finales de febrero. Su rendimiento fue de menos a más, y debo decir que me sorprendió gratamente su nivel. Evidentemente está a años luz del Davis de los Warriors, pero hay pocos bases que con 33 años, al margen por supuesto del extraterrestre de Steve Nash, te den la seguridad que te da este barbudo base californiano. Sin emargo, como digo, la suerte no estuvo con los Knicks y Davis se destrozó la rodilla en el cuarto partido contra Miami. 

Así se dejó la mano el amigo Amare, después de pagar la derrota en el ‘Game 2’ con la vitrina de un extintor.

Lo de Amare Stoudemire es más que una raja en la mano. Su temporada empezó mal, y fue uno de los primeros síntomas de los problemas de química que esconde ese vestuario. La muerte de su hermano en un accidente de tráfico a finales de febrero fue un detonante casi definitivo. La lágrima negra tatuada en su mejilla, y la pelea con el ya famoso extintor no son más que huellas del que ha sido peor año de su carrera deportiva y posiblemente uno de los peores de su vida (nada que merezca las críticas y las burlas que he leído en twitter estos días. Un poco de corazón, porfavor). La tragedia de su hermano supuso un martillazo al estado anímico de un jugador tocado ya de antes. Su relación con Carmelo Anthony ha sido cuestionada durante todo el año por no ser la idílica, por no ser la que soñaban todos.

TRUE OR FALSE? ¿LA VERDAD, O SÓLO UN MITO?

Carmelo Anthony no ha estado a la altura, y él lo sabe.  Sus domingos dorados de 40 puntos televisados por la ABC en abierto para todo el país son el falso envoltorio de una temporada flojita en la que Melo no ha sabido echarse el equipo a la espalda en momentos duros. Eso sí, su final de temporada ha sido absolutamente espectacular, imponiendo su condición de jugador franquicia. Pese a llegar radiante a Playoffs, no dio los que los Knicks esperaban de él ante en la serie ante los Heat. Una eliminatoria que dejó claro que Carmelo es muy muy bueno, pero que le falta un “algo” que sólo tienen los mejores, ese “algo” que sí que tiene LeBron James. Y ojo! No soy de esos que opinan que un equipo con Carmelo Anthony no puede hacer cosas grandes. Pero si en el equipo al que te enfrentas juegan LeBron James y Dwyane Wade, necesitas algo más que el mejor Melo para ganar.

Tyson Chandler hace subir escalones a los Knicks más de lo que nos imaginamos. Da mucho crédito al equipo. Competidor feroz y defensor de élite, Chandler ha demostrado estar, a mi parecer, entre los 5 mejores centers de la competición. Su dossier va creciendo conforme se va haciendo mayor, y su invisible trabajo en los intangibles hace de él un pívot completísimo. El premio de ‘Defensor del Año’ es bastante discutible, pero también la recompensa a uno de los pocos que hacen el trabajo sucio en el Madison.

Landry Fields volvió a ser junto a Chandler el jugador más serio de esta plantilla. Se asocia con Lin, con Carmelo, con Amare o con cualquiera, y cumple en cada partido, siempre está ahí. Anota, asiste, defiende, rebotea… Es un complemento fabuloso, pero no tiene condiciones como para cambiar el rumbo de una franquicia. Caso distinto es el de JR Smith, posiblemente el jugador con más talento de esta plantilla tras Carmelo Anthony, y que sin embargo, ha eludido responsabilidades y se ha limitado a ser un jugador de rol y a ser carne de highlights. Lo dicho, he echado en falta un poco más de ambición en él, un poco más de egoísmo por decirlo así. No ha reclamado la importancia que debe tener un jugador de su categoría.

El boom de Jeremy Lin fue puro “Betadine” para la herida más preocupante de la temporada (aquellos días en los que los Knicks se quedaron sin Stoudemire ni Anthony justo en medio de una racha negativa), además de un caramelo económico para la NBA. Una imprevista superpromoción de márketing de cara a la comunidad chino-asiática (muy desinteresada en la liga desde que se conoció el retiro de Yao Ming) que ha regalado toneladas de dólares a la liga. Su volumen de pérdidas y su falta de pausa eran un problema, pero no podemos dejar a un lado el sacrificio (y la inteligencia) del base formado en Harvard. Incansable, rápido, generoso, y con una sangre y un hambre de gloria espectacular. Lástima que unos problemas de menisco dejasen a una de las revelaciones de la temporada sin Playoffs.

Otra rayo de sol dentro de la tormenta es Iman Shumpert, el atlético base-escolta rookie procedente de Georgia Tech. Su temporada ha sido cuanto menos soprendente, y se ha destapado como un excelente defensor en el perímetro. Tan excelente que los Knicks tenían intención de que defendiese a Wade en esta serie. Pero las pretensiones del azar no han estado con los bases de Nueva York. Shumpert se rompió el ligamento cruzado anterior en la segunda mitad del primer partido de la eliminatoria. Luego está el caso de Steve Novak, cuya temporada desde la línea de 3 podría ser puramente anecdótica, pero es que ha sido el mejor triplista del campeonato.

Los Knicks fueron un paquete de kikos para los Heat. La expresión de Tyson Chandler lo dice todo.

Son los protagonistas de un suspenso. Un suspenso al que iba a catalogar de “fracaso”, pero me parecía demasiado macabro teniendo en cuenta la gran cantidad de infortunios que han sufrido los de la Gran Manzana durante esta temporada con asterisco. Fueron pocas de cal y muchas de arena. Las lesiones han sido un enemigo letal, y que en la primera ronda juegues contra Miami Heat tampoco ayuda mucho. Pero al fin y al cabo, no hay que buscar excusas: los Knicks no han dado la talla. Brillaron por momentos muy puntuales, pero fueron un equipo del montón durante gran parte del año. La defensa, casualmente la habitual asignatura pendiente de D’Antoni, ha sido muchas veces un problema. Otras, ha sido simplemente la falta de variedad e ideas en las posesiones, las cuales dependían en un alto porcentaje del acierto y la inspiración de Anthony. E insisto: otro error garrafal es no implicar a Amare Stoudemire, quien estoy convencido de que, si está sano, está entre los 4 o 5 mejores power forwards de la NBA (CON O SIN NASH). Es un suspenso evidente. Pero no un fracaso. En el Madison ya están las bases para un equipo aspirante, eso me parece indiscutible. Pero al grupo hay que darle mucho rodaje, y quitarle de encima peso en relación las expectativas y a la presión. Aunque ya se sabe que en el Madison, un hervidero de hipótesis e ilusiones, no existe la paciencia. 

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