A LA GUERRA NO VAS DE TURISTA

No hay vuelta atrás. Estamos casi en Mayo y los Playoffs empiezan este sábado. Los Ángeles Lakers están en la brecha y ya no hay camino de vuelta. Los recursos son los que son y el entrenador es el que es. El equipo ha mejorado mucho desde la primera mitad de la temporada y hoy por hoy son terceros del Oeste con un balance de 41-24, pero la sospecha, los rumores y la tensión no han abandonado a los californianos. La irregularidad viene siendo lo habitual en los últimas campañas de Lakers, pero en la presente, el problema ha crecido y les ha hecho cosechar el peor porcentaje de victorias de los últimos 5 años.

Mike Brown no parece congeniar con casi nadie en este equipo, pero a trancas y barrancas ha logrado mantener a los Lakers arriba en una temporada muy dubitativa. Su relación con Kobe Bryant está en entredicho, y tenemos razones de sobra para pensar en ello. La primera el frío abrazo que ambos se dieron tras la peleadísima victoria de ayer. La madurez (mental, no deportiva) de Andrew Bynum no llega, pero no puedes dejar en el banquillo durante los períodos decisivos de un partido al que posiblemente sea el mejor pívot del año. Esa es la barbaridad que hizo ayer Brown, jugando contra un equipo que te machaca arriba como lo hace Oklahoma. Está claro que el técnico de Lakers no aguanta caprichitos, pero lo de ayer (dejó a Bynum sentado todo el último cuarto y las dos prórrogas completas) fue un suicidio (fracasado). Los Lakers despertaron en el último cuarto del coma que supuso la locura de Ron Artest, que noqueó a James Harden con un codazo incomprensible, y remontaron una desventaja de 18 puntos con más corazón que otra cosa. Unos cuantos destellos de un inspiradísimo Kobe Bryant (máximo anotador de la liga por primera vez desde 2007) ayudados del oficio Pau Gasol, Steve Blake, Devin Ebanks y un desconocido Jordan Hill derrotaron a unos Thunder muy faltos de ideas en los momentos decisivos.

Los chicos malos siempre vuelven. Ayer lo hizo Ron Artest. Where's the World Peace, Metta?

Los chicos malos siempre vuelven. Ayer lo hizo Ron Artest. Where's the World Peace, Metta?

Kobe desmontó ayer en media hora la teoría de que los Lakers son mejores sin él. Y es que el 24 volvió el jueves de una lesión en el pie izquierdo que le matuvo fuera de las canchas 7 partidos. Cierto, el balance de los Lakers fue de 5-2, y ganaron entre otros a Mavs y a Spurs, y seguramente sean más interesantes de ver, pero Black Mamba es un genio y hace mejor a cualquier equipo.

La llegada de Ramon Sessions supone un plus que hacía falta en el ataque de los de púrpura y oro. Es rápido, listo, anota, asiste, va bien al contrataque… Quizás su papel no es tan influyente como muchos esperábamos, pero como admite el propio Gasol, le da a este equipo una variante ofensiva que les hace menos previsibles.

El estado anímico de Pau Gasol es quizás uno de los puntos clave para los angelinos de cara a los Playoffs. El catalán ha ido de menos a más y está acabando la temporada al nivel al que nos tiene acostumbrados. Ha superado no con poca dificultad el hecho de que su nombre saliese involucrado en gran cantidad de rumores de traspaso durante todo el año,  y llega radiante a la recta final. Su figura es fundamental para las opciones de Lakers.

Gran parte de la mejora de los Lakers en la segunda mitad de la campaña  es consecuencia del aumento de responsabilidades de Matt Barnes y Ron Artest. Por primera vez en mucho tiempo, su productividad se acerca a lo que deberían rendir por lo que cobran. Ambos llegaban muy involucrados a la postemporada, y daban a los Lakers una mejora importante en los intangibles valores de la defensa y dos opciones más para abrir el balón al perímetro en el ataque. Sin embargo, el cortocircuito de ayer de Artest puede dejar a los Lakers cojos, más cojos de lo que creemos. Aún así, me temo que la sanción se va a quedar corta.

No sé que pasará a partir de ahora con los roles de Jordan Hill (un jugador que, no se si os acordáis, pero fue número 8 del Draft de 2010, por delante de, por ejemplo, Brandon Jennings) y de Devin Ebanks después de lo de ayer, pero lo que sigo sin entender es por qué no juega Andrew Goudelock. No digo que sea Ray Allen, pero puede ser un pequeño microondas para la ‘segunda unidad’.

De una manera o de otra, por un camino o por otro, los Lakers ya están aquí. La hora de la verdad ha llegado, y sea cual sea su situación, resulta difícil no pensar en ellos cuando hablamos de los favoritos. Es innegable que hoy Spurs, Thunder, Heat y Bulls están por encima, pero la experiencia de estos Lakers en las sucias batallas de las series por el títulos puede ser un factor a tener en cuenta. Además, no hay duda de que los de Brown tienen plantilla de sobra para competir por el anillo. Mayo está al caer, y los Lakers llegan irregulares, con dudas, con inconsistencia; pero la munición es suficiente y el hambre de vendetta incontestable, y más con un Kobe hipermotivado como el que se vio en el ‘crunch time’ de ayer en el Staples, e insisto, con la mejor pareja interior de la liga. Vuelve la guerra, vuelve el barro de los Playoffs. Los Lakers no saben si meterse de lleno, pero tienen pólvora, y a la guerra no vas de turista.

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