EL LADO CRUDO

Homenaje gráfico del dibujante autraliano Chris Edser al fenómeno Brandon Roy.

Homenaje gráfico del dibujante autraliano Chris Edser al fenómeno Brandon Roy

No todo es la musiquita del Where amazing happens. No todo son negros de ghettos y barrios marginales que terminan tocando la gloria. No todo es Jeremy Lin. No todo es sueño americano. La NBA, como cualquier competición de élite, también tiene un lado feo, un lado crudo que a Brandon Roy le ha tocado vivir en sus carnes. El 10 de diciembre de 2011, a quince días de comenzar la campaña actual tras el árido lockout, el escolta natural de Seattle anunciaba su retirada a sus 27 años. Roy llevaba dos años peleando contra sus maltrechas rodillas, las cuales le han hecho pasar 6 veces por quirófano a causa de una enfermedad degenerativa en los cartílagos de ambas rodillas. El final dramático, pero el más coherente: Mi familia y mi salud son lo más importante para mí, he tomado esta decisión por ellos y por mi calidad de vida.”
 
Se unía así a la larga lista negra de los Blazers: jugadores que prometían muchísimo, futuras estrellas de la liga que, por un motivo u otro nunca llegaron  a cumplir esas expectativas. Esos motivos tenían que ver casi siempre con las lesiones. Preguntad en Portland por Greg Oden, Bill Walton o Sam Bowie, son algunos de esos desafortunados.

Lo más curioso es que la vida de Brandon Roy hasta hace dos años era digna del guión de una película americana. Hijo de un conductor de autobús en Seattle y de una camarera de la cafetería de una escuela de primaria, Brandon tuvo que ganarse la vida lavando barcos en los muelles, donde ganaba once dólares la hora. Empezó a jugar a baloncesto junto a su hermano Ed, y su padre tenía que hacer horas extra para pagarles la ropa deportiva y los viajes. Sin embargo, sus profesores del instituto descubrieron en él un trastorno psicológico que alteraba su atención y su comprensión obligándole a leer varias veces una misma pregunta para llegar a entenderla. Este problema era más grande de lo que parece, ya que para llegar a ser alguien en el baloncesto estadounidense es casi imprescindible pasar por la universidad, y más desde que la NBA prohibió en 2004 el acceso a la liga desde el instituto. Brandon estuvo a punto de tirar la toalla.En los muelles de Seattle donde trabajaba, le aconsejaban: “No pierdas la oportunidad. Tienes un don, el de jugar al baloncesto, no lo desaproveches”. Brandon perseveró y, después de 4 convocatorias, logró superar los exámenes de acceso a la universidad. Pero no quedó ahí la cosa, Brandon puede presumir de haber cumplido el período universitario completo (4 años), y de haber concluido su carrera, algo que no pueden decir la gran mayoría de los jugadores NBA.

Especializado en Estudios étnicos americanos, Brandon se presentó al Draft de 2006 tras cosechar una próspera carrera en la NCAA. Lo eligieron los Timberwolves en la sexta posición, traspasando inmediatamente sus derechos a Portland a cambio de Randy Foye. Roy terminó siendo el Rookie del Año superando a jugadores que habían sido elegidos en posiciones más altas, como Andrea Bargnani, Tyrus Thomas o su compañero LaMarcus Aldridge. En poco tiempo, los TrailBlazers se convirtieron en una de las más prometedoras franquicias de la liga. Todos los expertos los veían jugando Finales en 3 0 4 años. 

Podríamos seguir. Os podría resumir su época en Portland TrailBlazers. Podría hablaros de sus 52 puntos a Phoenix, su triple de 8 metros para vencer sobre la bocina a Houston o de su progresión estadística y moral año a año dentro de la franquicia (que además siempre iba acompañado de la mejora evolutiva de los resultados de los Blazers), pero me dejaría millones de cosas en el tintero.

Jugador absoultamente especial en los momentos calientes, Roy era  uno de los mejores de la liga cuando el balón quemaba. Quizás el jugador con más variedad de recursos a la hora de matar un partido en los últimos años. No era muy rápido, pero sí tremendamente fuerte, lo que ayudaba  mucho en sus casi siempre exitosas penetraciones, todo ello apoyado en un talento y unos fundamentos de fuera de serie.

Junto a nada menos que LeBron James, Roy es el único jugador de la última década que ha sido novato del año y dos veces All Star en sus tres primeros años en la NBA. Además, el que fue jugador franquicia de los Blazers acumula una inclusión en el segundo mejor quinteto de la NBA en 2009 y otra en el tercero en 2010. Los promedios de su último año han hecho bajar los de su carrera completa, pero aún así, Roy se retira con unas estadísticas globales de 19 pts, 4’3 rebotes, 4’7 asistencias y 1 robo por encuentro.

Y es que la temporada pasada fue un infierno para Roy. Tras comenzar la temporada en una aparente forma física, tuvo que ser operado por sexta vez de sus rodillas. Desesperación y desesperanza no salían de su cabeza, pero Roy tenía que reaparecer para agrandar su leyenda y firmar el final con letras doradas: Dallas ganaba en Portland de 21 a falta 7 segundos para el final del tercer cuarto, en el cuarto partido de una serie que tenía encarrilada (2-1). Roy coge el balón y anota un triple casi sobre la bocina que es sólo un aperitivo de los que pasaría en el último cuarto. Los Blazers se iban a fundir a los Mavs con un parcial de 35-15, y con 18 puntos de Roy en el último período, además de un 3+1 decisivo a falta de 1 minuto para el final que colocaba a su equipo a 1. Los Blazers ganaron y el Rose Garden estalló. Roy estaba acostumbrado, había incendiado el pabellón de Portland miles de veces, pero sabía que aquella era especial. Salió de allí sin poder aguantar las lágrimas de emoción. Acababa de hacer algo grande, acababa de poner la guinda a su legado, pero sobre todo había vuelto a sentirse jugador de baloncesto.

Durante unos días, la hazaña de Roy aparecería ambientada en televisiones de todo el país con esa musiquita de Where amazing happens que hace que a muchos se nos pongan los pelos de punta. La esperanza volvió para él, pero al final tuvo que rendirse a la evidencia: ya notaba dolores incluso cuando corría por el jardín jugando con su hijo. Otra fabulosa historia de baloncesto que acaba en drama. Otra leyenda muerta atrapada en el lado crudo. Otro cuento que nos enseña que no todo es gloria en el deporte de élite.

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