La incertidumbre habitual de la Quinta Avenida

En 10 días, se cumplirá un año de aquel giro de timón. 21 de febrero de 2011: los Knicks tiran la casa por la ventana y obtienen a Carmelo Anthony después de semanas de rumores. Para muchos, visto ahora, en perspectiva, el trade fue un desastre, ya que se desmontó aquel equipo de Raymond Felton, Danilo Gallinari, Wilson Chandler, Landry Fields o el gigante ruso Mozgov, que tenía su aguijón en Amare Stoudemire, jugando a nivel de MVP, algo impensable para muchos (me incluyo) teniendo en cuenta de que ya no jugaba con Steve Nash a su lado. El bisturí de Mike D’Antoni había vuelto a ilusionar a Nueva York tras años de desesperanza e inútil espera por LeBron James, con una rotación cortita pero que encajaba como piezas encajan en un puzzle. Pero todo sea por Melo. El traspaso se lleva a jugadores muy importantes a Denver, pero traer a Anthony a su Nueva York natal era una operación de márketing (y algunos seguimos pensando que deportiva) fantástica. En los Playoffs los Knicks se meten el batacazo y los Celtics les mandan a casa con un contundente 4-0 en primera ronda. Parece que falta una pieza. Solución: Tyson Chandler, pivot defensivo y reciente ganador de la NBA. Ahora sí, el equipo parecía preparado para aspirar al campeonato. Sin embargo, el primer mes de competición ha sido un auténtico caos.

La prensa americana ya pone en entredicho la relación Carmelo-Amare

4 de Febrero: Los Knicks al borde del desfiladero. La prensa empieza a dudar seriamente de la relación entre Stoudemire y Carmelo Anthony. Mike D’Antoni entre la espada y la pared. Sin duda su peor momento desde que llegó a Nueva York hace unos 4 años. En la Gran Manzana ya se habla sin pelos en la lengua del despido del entrenador del run&gun, y los más románticos ya hablan del retorno de Phil Jackson.

De los últimos 13 partidos los Knicks han ganado sólo dos y el balance es de 15 derrotas y sólo 8 victorias. Por si fuera poco, la cabeza de D’Antoni está en juego en la visita de los vecinos de Nueva Jersey al Madison. De repente, aparece un desconocido llamado Jeremy Lin. Tiene pintas de asiático-oriental, y resuelve la papeleta metiendo 25 puntos desde el banquillo, además de repartir 7 asistencias y terminar con +13 en la estadística +/-. NY gana el partido. Yo ni si quiera sabía que jugaba para los Knicks. Sabía de su nombre porque había estado el año pasado probando con Golden State, pero poco más. Además, no había jugado más de 7 minutos en ningún partido en esta temporada, excepto en uno ante Houston (20 min.). Enseguida, me pongo a buscar información sobre el “chinito” (perdonad que le llame así, no lo hago en tono despectivo ni racista), y me entero de su exótico perfil. Californiano, 23 añitos, base, 1’91, hijo de inmigrantes procedentes de Taiwan, con estudios cursados en Harvard. Contra lo que todos pensábamos, la cosa no se iba a quedar ahí.

6 de febrero. Amare Stoudemeire será baja indefinida por unas semanas. Acaba de enterarse de que su hermano mayor ha muerto en un trágico accidente de coche. La cosa se tuerce aún más cuando nada más empezar la noche Carmelo Anthony se lesiona. Ahora sí que se ha jodido la cosa. Los Knicks, que recibían a Utah Jazz (entonces era uno de los 5 mejores clasificados del salvaje Oeste) se quedaban sin Amare ni Melo.

D’Antoni no se lo piensa y saca a Jeremy Lin de titular. Tampoco tiene mucho que perder, ya que, al margen de la defensa, la posición de base ha sido la más necesitada este año en el Madison. Pero la cosa sale de escándalo. Lin vuelve a repetir hazaña (28 pts, 8 asist.), y demuestra una magnífica conexión con Tyson Chandler.

8 de febrero. Visita a Washigton. El fenómeno de Jeremy Lin se consagra. Pasa por encima de John Wall, el que fue número uno de su Draft, un Draft el de 2010 en el que Lin ni siquiera llegó a ser seleccionado. Los Knicks ganan y sus aficionados se vuelven locos.

Viernes, 10 de febrero. Ya sabemos cómo son los americanos, y desde este partido ya nos empiezan a vender el enfrentamiento de Jeremy Lin con Kobe Bryant de la madrugada del viernes. Prueba de fuego para “Linsanity”, como ya se le ha bautizado, como es costumbre en EEUU (también he leído por ahí uno que me ha hecho aún más gracia: “La Mamba Amarilla”). Resulta que te levantas esta mañana, y ves que Jeremy Lin ha destrozado a los Lakers. 38 puntos. Un punto más que el season high de Carmelo Anthony. En la Quinta Avenida se desata la Linsanity. Es paradójico, pero este chico de compleja procedencia encarna a la perfección el famoso “Sueño Americano”. Por lo visto, el chico además tiene fama de ser pasional, y me gustaría rescatar unas declaraciones de hoy en el post-partido: “A veces mis compañeros se ríen de mi, por mi intensidad, pero simplemente amo este juego, amo el baloncesto y hago lo que puedo para ganar.”

¿Y ahora qué? ¿Se supone que Lin es el líder del equipo? ¿Es el base definitivo que buscaba D’Antoni para los Knicks? ¿Qué pasará cuando vuelvan Amare y Carmelo? ¿Pueden estos Knicks llegar a recordar a aquellos del 99, que también en temporada de cierre patronal hicieron una temporada regular muy mala, y luego llegaron a las Finales de la mano de Adan Houston, Sprewell, Ewing&cia.?  Steve Novak, promedia 16 puntos en los últimos tres partidos, ¿seguirá tirando así? Lo dudo mucho. Lo que está claro es que estos Knicks son siempre una incertidumbre, y una montaña rusa de sentimientos.

PD: No me quiero despedir sin antes dejaros un tweet de @pantxopaniagua que dice así “Evidencia gráfica -y un pelín cutre la verdad- de cómo la Linsanity está invadiendo Nueva York.”, y añade la fotografía que os dejo aquí abajo. Es triste para los que somos admiradores de Carmelo Anthony, pero esta es la realidad de los Knicks hoy en día.

Un abrazo amigos, y gracias por vuestro tiempo!

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